En octubre, Yunguyo se viste de azul

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Cuadro costumbrista

Es Octubre y el santo de Yunguyo no viste de morado, sino de azul. Tata Pancho, como es nombrado cariñosamente a San Francisco de Borja, patrón de Yunguyo, es escoltado hasta la plaza central.

Unos rezos acompañan los cantos. Son los devotos que han esperado este día para pedir prosperidad. A cambio, prometen brindar hospitalidad a los visitantes durante los días de celebración. Y al parecer es cierto, porque en esta festividad no solo participan peruanos, también bolivianos que viven cerca de la frontera.

Ellos engalanan la fiesta con su música. Desde Oruro, las comparsas hacen bailar al público. El 7 de octubre, el día inicial, se da el  encuentro de sikuris. Diferentes distritos de Yunguyo participan haciendo cantar al viento. Es una melodía evocadora.

Siguiente acto: son los retos entre las bandas. Entre morenadas y alabanzas, todos buscan divertirse. Con vistosos trajes los danzantes recuerdan costumbres aymaras. Es un pueblo valiente. Es un pueblo de fe, se vocea en las calles. Sus gestos envalentonados contrastan con la devoción de las lastimeras fieles. Oración e incienso se mezclan en rezos. Bombardas. “Tata Pancho” está próximo a la iglesia principal de Yunguyo. Frenesí.

El repique en las campanas de la iglesia da fin al recorrido. Las autoridades, fieles, danzantes y músicos se cuadran cerca al atrio para dar inicio a los votos de fe. Un año más la tradición se ha mantenido. Se elige al nuevo “alferado”, el padrino de la fiesta, que está a cargo el año entrante de la celebración.

La fiesta en honor a San Francisco de Borja dura hasta el 13 de octubre. El día central, 10 de octubre, se realiza el pasacalle de las agrupaciones de traje de luces. Color, alegría y buen comer se mezclan en esta fiesta, considerada la segunda más importante de Puno. La provincia de Yunguyo lo espera.