Carnaval jaujino: color y alegria

Se inicia el carnaval. Sus majestuosos trajes  se imponen en las calles.  Son españoles que recuerdan conquistas de antaño. No. Son tunantes que  vienen  a mostrar  sus danzas en días de carnaval. Esfuerzo en  escena, jolgorio en el público. Jauja, elegante y culta, una vez más hace vibrar  a propios y turistas con su carnaval.

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Los graciosos chutos

Desde el mes de enero los diversos “barrios”  se unen  para  relegar funciones. El papel principal  de la fiesta lo tendrán los padrinos. Ellos se encargarán de la organización y de traer el famoso “cortamonte”.

El calendario marca la última semana de enero. Los jaujinos  empiezan  su primer acto simbólico: “La manshua”. Aquél que no se viste elegante en ese día será castigado por los “chutos”, personajes graciosos que divierten al público con sus diabluras.

La  alegría aumenta cuando llega “el talipay”, así llaman al encuentro entre hombres y mujeres. Diferentes bandos juegan a echarse talcos perfumados. El ambiente se llena de cantos. Pañuelos de seda  y coloridos trajes danzan en las plazas de Julcan, el pueblo más representativo de esta fiesta.

El momento cumbre de la fiesta se aproxima: el cortamonte. La orquesta se alista. Las arpas, violines y clarinetes de las orquestas compiten en el valiente acto. Aquella pareja que logre derribar un árbol serán los padrinos del próximo año.

La celebración del cortamonte distingue a Jauja de otros carnavales en el Perú. La coquetería de las mujeres al danzar resalta sus bellos trajes a manos. Ellas llevan morrales tejidos donde esconden puñados de hoja de coca y cigarrillos que soltarán mientras bailan.

Son aproximadamente 15 árboles de eucalipto que, entre todos los barrios, derriban. Estos llevan regalos para todos los que puedan atraparlos. Luego de este ritual, los padrinos agasajan a los visitantes con los deliciosos platos de la región, como la pastaza o el puchero.

Las celebraciones terminan en abril. El último día tiene la sensación del primero. Divertirse. Las ganas de seguir festejando se convierten en promesa de los padrinos del próximo año.